La escasez de agua podría limitar la producción y el
abastecimiento de alimentos, con la consiguiente presión sobre
los precios
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La escasez de agua podría limitar la producción y el
abastecimiento de alimentos, con la consiguiente presión sobre
los precios y una mayor dependencia de los países en las
importaciones de alimentos. La creciente demanda de alimentos
provocada por un aumento de la población y los cambios en los
hábitos alimenticios, la caída en la producción de alimentos en
algunos países, el encarecimiento de algunos productos agrícolas
básicos como los fertilizantes (provocado a su vez por los
costos de energía), los incentivos bioenergéticos en algunos
países y una posible especulación financiera han contribuido a
aumentar el precio de los alimentos considerablemente.

Energía (para la refrigeración) representa el 1-2% de la demanda
de recursos hídricos
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Energía (para la refrigeración) representa el 1-2% de la demanda
de recursos hídricos.

La energía y el agua están indisolublemente ligados. El agua es
una parte integral del uso y el desarrollo de los recursos
energéticos. Es necesaria para la refrigeración y producción de
energía, pero también se consume de forma pasiva debido a la
evaporación de grandes cantidades de agua que se da en las
reservas construidas para la producción de energía u otros
fines.

Según la Agencia Internacional de Energía el mundo necesitará
casi un 60% más de energía en el 2030 respecto al 2020
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La demanda energética (para calefacción, luz, electricidad y
transporte) está aumentado rápidamente. El aumento de la
producción de bioenergía puede tener un gran impacto en la
calidad y disponibilidad de agua.
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Si las políticas actuales se mantienen, se espera que la demanda
mundial de energía aumente hasta un 55% en el 2030, según datos
aportados por la Agencia Internacional de Energía. Sólo China e
India representarían un 45% del crecimiento previsto (basándonos
en cifras de crecimiento económico conservadoras), y el conjunto
de países en vías de desarrollo un 74%.
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El agua se utiliza para generar todo tipo de energía, por lo que
el aumento del abastecimiento de energía repercutirá en los
recursos hídricos. El aumento de la producción de bioenergía
puede tener un gran impacto en la calidad y disponibilidad de
agua.

El agua destinada a la producción de biocombustibles está
estimada en 2% del total del agua de irrigación
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Cerca del 10 % del abastecimiento total de energía procede de la
biomasa, y la mayoría de ese porcentaje (80%) procede de los
recursos tradicionales de biomasa de la madera, estiércol y
residuos de cultivos.
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Aproximadamente el 5% de la biomasa se utiliza para producir
biocombustibles líquidos destinados a los medios de transporte,
lo que actualmente representa menos del 2% de la energía
consumida por el transporte en todo el mundo.
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La producción de bioetanol, elaborado a partir de la caña de
azúcar, maíz, remolacha azucarera, trigo y sorgo, se triplicó en
el periodo 2000-2007 hasta un volumen estimado de 77 mil
millones de litros en 2008.
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La proporción de biodiésel en el mercado de combustible diésel
destinado a los medios de transporte se estimó en 0,5% en los
Estados Unidos, 1,1% en Brasil y 3,0% en la Unión Europea.
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El potencial energético de los biocombustibles convencionales a
escala mundial está limitado por la disponibilidad de agua y
tierras adecuadas para los cultivos, así como por el alto costo
de la mayoría de las tecnologías convencionales. Técnicamente,
es probable que hacia el año 2050 pudieran obtenerse hasta 20
exajulios de etanol y biodiésel convencionales, lo cual
representaría el 11% de la demanda total de combustibles
líquidos en el sector del transporte.
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Entre las tecnologías actuales, sólo el etanol producido a
partir de caña de azúcar en Brasil, el etanol producido como un
subproducto de la producción de celulosa (como en Suecia y
Suiza) y el biodiésel producido a partir de grasas animales y
aceite de cocina usado, pueden reducir sustancialmente las
emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con la
gasolina y el diésel mineral. El estudio concluye que el resto
de tecnologías bioenergéticas convencionales suelen ofrecer
reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero de
menos del 40% en comparación con sus alternativas fósiles.
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De manera global, el agua destinada a la producción de
biocombustibles está estimada en 44 km3, es decir, 2% del total
del agua de irrigación. Bajo las actuales condiciones de
producción, se necesita un promedio de 2.500 litros de agua
(cerca de 820 litros de agua de irrigación) para producir un
litro de biocombustible (la misma cantidad utilizada en promedio
para producir comida suficiente para una persona durante un
día).
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La proporción de aguas de irrigación utilizadas para producir
biocombustibles es insignificante en Brasil y la Unión Europea,
y se estima que en países como China y los Estados Unidos
alcanza niveles de 2% y 3% respectivamente.
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La implementación de todas las políticas y planes nacionales
actuales en torno a los biocombustibles necesitaría de 30
millones de hectáreas de tierra cultivable y 180 km3 adicionales
de aguas de irrigación.
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En el 2008 más de un tercio del maíz producido en los Estados
Unidos se destinó a la producción de etanol y aproximadamente la
mitad de los aceites vegetales producidos en la Unión Europea se
utilizaron como combustible biodiesel.

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